Goooooollll! Gritaban mis compañeros de clase mientras se abalanzaban sobre mi para abrazarme, el partido había estado parejo como todos los que disputábamos contra el salón “B”, mis limitadas habilidades futbolísticas me confinaban siempre a la defensa recia, pasan el hombre o la pelota pero nunca los dos juntos, sin embargo en un acto de rebeldía me lancé a campo contrario y encontré aquel balón perdido en el área , el cual empalmé con fuerza como lo haría el “bombardero” alemán Gerd Muller, un patadón de derecha que hizo que el balón se incrustara dentro del arco, no lo podía creer, era el primer gran gol de mi vida que apenas contaba con 8 años, el partido terminaría con triunfo nuestro, y yo como anotador estrella, fue un momento de gloria como los que te otorgan esas pichangas escolares.
Sin embargo ninguna campaña la recuerdo tanto como la de 4to. de secundaria, se habían organizado equipos en el salón, cuadros de apenas 6 jugadores, y por algún azar del destino mi equipo se conformó con los peores elementos de la clase, chicos brillantes como estudiantes, pero con pocas o nulas habilidades futbolísticas, basta decir que me eligieron como capitán del equipo, allí estaban la “tota” montesinos, gordito bajito y cobardón, “el chiqui” Cohaila, flaco y cegatón, el “drogo” Jesús, siempre volando por otros planetas, el “chato” Matencio, el más bajito y flaquito del aula, y Oscar “la tía” Lo enorme y obeso con nula movilidad, con tremendo equipo la campaña sería algo más que complicada.
Como era de esperarse empezaron a masacrarnos desde el primer partido, no lográbamos meter un solo gol y por el contrario nos goleaban a su antojo, habían días que ni queríamos salir a la cancha y preferíamos perder por walk over, éramos la burla, el hazmerreír del colegio y con cero puntos en la tabla, casi 30 goles en contra y ninguno a favor, estábamos resignados al fracaso y marginación.
El campeonato ya acababa y se venía el último partido, el fin de éste suplicio pensamos, por malos azares del destino ése último partido lo disputaríamos contra el equipo virtualmente campeón del torneo, conformado por algunos de los mejores jugadores del colegio. Se jugaría un sábado por la tarde y con mucho público en las tribunas, todos los familiares estarían ahí, y todos esperaban un baile con goleada al peor equipo del torneo, nosotros. Nuestro vestuario era un sepulcro, parecíamos unos corderos condenados a muerte en lugar de jugadores de fútbol, la tarde se presentaba larga y muy gris a mi endeble equipo. Entonces nos avisan que alguien quería hablar con nosotros, era el Director del colegio, el Padre Fred Green, quizás el único cura que respeté en mi vida. Nos miró y nos dijo algo que jamás olvidaré: …“Muchachos hoy se enfrentarán el último contra el primero, el chico contra el grande, David contra Goliat, ellos podrán ser mejores jugadores que ustedes es verdad, pero que nadie diga que ustedes no tienen los Huevos suficientes para enfrentarse a cualquiera, ustedes son brillantes, inteligentes, mucho más que sus oponentes, y estoy seguro que también tienen más amor propio y garra que cualquiera, así que éste partido lo pueden ganar perder o empatar, pero que no sea por falta de amor propio, salgan y denle una sonrisa a esa gente”…entonces todo cambió de color, empezamos a arengarnos, a gritar , a entusiasmarnos, y así salimos corriendo a la cancha, llena de gente.
Empezaba el partido y los contrarios estaban confiados, era un trámite para ellos, entonces vi a mis compañeros tirarse al piso para recuperar el balón, al “drogo” corriendo como una gacela, a la “tota” siendo la figura en el arco, con el “chato” armábamos jugadas en ataque, y la “tía Lo ponía la pierna fuerte, los contrarios sorprendidos de nuestro juego no atinaban a mucho, sin embargo un penal dentro de nuestra área produjo el primer gol de los contrarios, esto no nos desanimó y continuamos luchando como guerreros que no tenían nada que perder, entregados, con garra, y el aliento incansable de la mayoría del público que se daba cuenta de nuestro esfuerzo, sin embargo no tardaría en llegar el segundo gol contrario, entonces nos reunimos en el centro del campo y hablamos…”un gol amigos, seamos capaces de marcar un gol en este partido, el único gol del campeonato”… volvimos al juego y les relataré una jugada que jamás olvidaré…saca la “tota” desde el arco, recibe el “chato” y toca para el “drogo” quien corre hasta campo contrario con el balón, se la quitan pero recupera “chiqui” y me la pasa, veo a la “Tía” Lo en área enemiga y mando el centro directo a su cabeza, el gordo salta y cabecea… goooooooooollllllllllll carajooooo goooolll la puta madre!!! , corrimos a abrazarnos todos emocionados, era lo máximo, habíamos marcado al fin un gol, todo el público lo gritó como un gol de la selección peruana, los rivales no lo podían creer, un equipo de malos les estaban planteando un gran partido, el juego se reanuda y nos animamos a ir al ataque, los oponentes estaban consternados, sorprendidos, y no atinaban a mucho, sólo a defender, entonces con el “chato” pisamos el área y mando un patadón.. uffffffffffff pega en el palo , casi empatamos, seguimos insistiendo pero el partido terminaría así, perdimos 2-1, y todos nos felicitaban, parecía que los campeones éramos nosotros, el padre Fred me miraba sonriente mientras me salían unas lágrimas de emoción, había sido parte de algo hermoso que jamás olvidaré , cuando un puñado de guerreros les demostramos a los demás que con huevos y garra podíamos hacerle frente a quien se nos ponga enfrente, gracias amigos por ésta linda lección, fueron el mejor equipo en el que jamás estuve.