miércoles, junio 28, 2006

“TONTO Y BABOSO” se podía leer con letras grandes y claras en la primera hoja de mi cuaderno de la preparatoria, un mensaje anónimo que penetraba como estaca en mi adolescente corazón y carcomía mi aún insegura personalidad, sin embargo yo sabía bien quien había sido, y unas sonrisas cómplices de Cathy y sus amigas me lo confirmaron.

Cuando decidí prepararme para entrar a la Universidad aquel verano del 93, no me imaginé que un paso tan corto en mi vida me traería tantas vivencias, como suele pasar en los veranos me enamoré de un angelito de 16 años, delgada morena y bellos cabellos castaños y lacios, se llamaba Cathy y desde el primer día se sentó adelante, pulcramente vestida y arreglada con un halo de misterio y bondad intrigantes.
Yo, con mi deforme cuerpo de 16 años, peinado a lo Joey Ramone, y ropas holgadas y grises, era algo así como el rebelde del salón, siempre me sentaba atrás y llegaba tarde sólo con la intención de interrumpir la clase. Sin embargo aquella bestia se transformaba en un corderito cuando veía a Cathy, la podía estar viendo durante horas sin parpadear, tal era el embrujo que causaba en mi aquella niña, claro que habían veces que me pillaba in fraganti con mis ojos en ella, entonces yo volteaba rápido, avergonzado y con ganas de que me trague la tierra.

Una vez por equivocación entré al baño de mujeres, que era igual al de hombres excepto por los urinarios, detalle del que no me percaté sino hasta que vi entrar a Cathy y sus amigas, quienes me pillaron con los pantalones y calzoncillos abajo, al verme se dieron vuelta y tiraron la puerta no sin antes gritarme un par de cosas y reírse a carcajadas: Entonces me subí la ropa y al salir estaban todo afuera riéndose y burlándose, decidí que no me importaba pues los odiaba a todos, pero Cathy si me importaba mucho y para mi tranquilidad no la vi en medio de aquella manada de idiotas, regresé al aula y al abrir mi cuaderno estaba aquella frase, nunca tan merecida como entonces.

domingo, junio 25, 2006

Fuimos héroes

Goooooollll! Gritaban mis compañeros de clase mientras se abalanzaban sobre mi para abrazarme, el partido había estado parejo como todos los que disputábamos contra el salón “B”, mis limitadas habilidades futbolísticas me confinaban siempre a la defensa recia, pasan el hombre o la pelota pero nunca los dos juntos, sin embargo en un acto de rebeldía me lancé a campo contrario y encontré aquel balón perdido en el área , el cual empalmé con fuerza como lo haría el “bombardero” alemán Gerd Muller, un patadón de derecha que hizo que el balón se incrustara dentro del arco, no lo podía creer, era el primer gran gol de mi vida que apenas contaba con 8 años, el partido terminaría con triunfo nuestro, y yo como anotador estrella, fue un momento de gloria como los que te otorgan esas pichangas escolares.

Sin embargo ninguna campaña la recuerdo tanto como la de 4to. de secundaria, se habían organizado equipos en el salón, cuadros de apenas 6 jugadores, y por algún azar del destino mi equipo se conformó con los peores elementos de la clase, chicos brillantes como estudiantes, pero con pocas o nulas habilidades futbolísticas, basta decir que me eligieron como capitán del equipo, allí estaban la “tota” montesinos, gordito bajito y cobardón, “el chiqui” Cohaila, flaco y cegatón, el “drogo” Jesús, siempre volando por otros planetas, el “chato” Matencio, el más bajito y flaquito del aula, y Oscar “la tía” Lo enorme y obeso con nula movilidad, con tremendo equipo la campaña sería algo más que complicada.
Como era de esperarse empezaron a masacrarnos desde el primer partido, no lográbamos meter un solo gol y por el contrario nos goleaban a su antojo, habían días que ni queríamos salir a la cancha y preferíamos perder por walk over, éramos la burla, el hazmerreír del colegio y con cero puntos en la tabla, casi 30 goles en contra y ninguno a favor, estábamos resignados al fracaso y marginación.
El campeonato ya acababa y se venía el último partido, el fin de éste suplicio pensamos, por malos azares del destino ése último partido lo disputaríamos contra el equipo virtualmente campeón del torneo, conformado por algunos de los mejores jugadores del colegio. Se jugaría un sábado por la tarde y con mucho público en las tribunas, todos los familiares estarían ahí, y todos esperaban un baile con goleada al peor equipo del torneo, nosotros. Nuestro vestuario era un sepulcro, parecíamos unos corderos condenados a muerte en lugar de jugadores de fútbol, la tarde se presentaba larga y muy gris a mi endeble equipo. Entonces nos avisan que alguien quería hablar con nosotros, era el Director del colegio, el Padre Fred Green, quizás el único cura que respeté en mi vida. Nos miró y nos dijo algo que jamás olvidaré: …“Muchachos hoy se enfrentarán el último contra el primero, el chico contra el grande, David contra Goliat, ellos podrán ser mejores jugadores que ustedes es verdad, pero que nadie diga que ustedes no tienen los Huevos suficientes para enfrentarse a cualquiera, ustedes son brillantes, inteligentes, mucho más que sus oponentes, y estoy seguro que también tienen más amor propio y garra que cualquiera, así que éste partido lo pueden ganar perder o empatar, pero que no sea por falta de amor propio, salgan y denle una sonrisa a esa gente”…entonces todo cambió de color, empezamos a arengarnos, a gritar , a entusiasmarnos, y así salimos corriendo a la cancha, llena de gente.

Empezaba el partido y los contrarios estaban confiados, era un trámite para ellos, entonces vi a mis compañeros tirarse al piso para recuperar el balón, al “drogo” corriendo como una gacela, a la “tota” siendo la figura en el arco, con el “chato” armábamos jugadas en ataque, y la “tía Lo ponía la pierna fuerte, los contrarios sorprendidos de nuestro juego no atinaban a mucho, sin embargo un penal dentro de nuestra área produjo el primer gol de los contrarios, esto no nos desanimó y continuamos luchando como guerreros que no tenían nada que perder, entregados, con garra, y el aliento incansable de la mayoría del público que se daba cuenta de nuestro esfuerzo, sin embargo no tardaría en llegar el segundo gol contrario, entonces nos reunimos en el centro del campo y hablamos…”un gol amigos, seamos capaces de marcar un gol en este partido, el único gol del campeonato”… volvimos al juego y les relataré una jugada que jamás olvidaré…saca la “tota” desde el arco, recibe el “chato” y toca para el “drogo” quien corre hasta campo contrario con el balón, se la quitan pero recupera “chiqui” y me la pasa, veo a la “Tía” Lo en área enemiga y mando el centro directo a su cabeza, el gordo salta y cabecea… goooooooooollllllllllll carajooooo goooolll la puta madre!!! , corrimos a abrazarnos todos emocionados, era lo máximo, habíamos marcado al fin un gol, todo el público lo gritó como un gol de la selección peruana, los rivales no lo podían creer, un equipo de malos les estaban planteando un gran partido, el juego se reanuda y nos animamos a ir al ataque, los oponentes estaban consternados, sorprendidos, y no atinaban a mucho, sólo a defender, entonces con el “chato” pisamos el área y mando un patadón.. uffffffffffff pega en el palo , casi empatamos, seguimos insistiendo pero el partido terminaría así, perdimos 2-1, y todos nos felicitaban, parecía que los campeones éramos nosotros, el padre Fred me miraba sonriente mientras me salían unas lágrimas de emoción, había sido parte de algo hermoso que jamás olvidaré , cuando un puñado de guerreros les demostramos a los demás que con huevos y garra podíamos hacerle frente a quien se nos ponga enfrente, gracias amigos por ésta linda lección, fueron el mejor equipo en el que jamás estuve.

jueves, junio 22, 2006

Joyita


Me detengo un momento...
Abro mi pecho…
Saco mi corazón…
Abro mi corazón...
Guardo mi joyita…
Cierro mi corazón…
Lo guardo en mi pecho...
Cierro mi pecho…
Sigo mi camino…

miércoles, junio 21, 2006

planeta

Ardo en deseos de encontrarte a la hora señalada, te veo, te miro te observo, siempre estás igual y diferente, me das la oportunidad de descubrir algo cada día, una luna , un planeta que se vuelve marrón, y mis dedos que se pierden entre las montañas y tu centro, recorriendo todo el espacio en un rito rápido y cuidadoso..

Y regreso a Tacna 2




Camino por tu plaza de Armas, y miro la pileta, el Arco, tu catedral, un niño quemado por tu sol me ofrece queso helado, mientras otro desea echarle grasa a mis zapatos negros, me siento en la vieja banca de madera pintada de verde oscuro, bajo una de las cuatro palmeras que flanquean el imponente asta donde año tras año se iza el inmenso pabellón rojo y blanco luego de haber sido paseado en procesión por la avenida San Martín, entonces recuerdo cuando veía pasar aquella enorme bandera, subido en el balcón de mi tía Irma, abarrotado de gente, le lanzábamos buganvillas en cantidades, una lluvia de flores que cubre toda la avenida en un espectáculo sin igual, son imágenes que nunca borraré de mi mente, como tampoco a las mujeres que la cargan en ordenadas filas, son mujeres valerosas algunas muy ancianas que lucharon durante la guerra del Pacífico, pidiendo piedad para sus heridos durante el “repase” del enemigo,….es un sol jefe, me dice el niño de la grasa, le pago y continúo caminando, llego al viejo foto estudio de mis padres, donde aprendí a revelar fotos en el cuarto oscuro, me gustaba ver como el papel blanco sumergido en aquella solución de ácido iba formando imágenes de personas en blanco y negro, también las empanaditas con Orange Crush a las once de la mañana, ahora en su lugar han construido una carnicería de nombre olvidable. Camino apenas una cuadra hasta llegar a la avenida Bolognesi de lisas losetas blancas, en donde patinaba con mis hermanas, debe haber sido lo único que hicimos juntos en nuestras vidas, estaban la casa de mi abuela, de mi amigo Juan Carlos, la del dentista carnicero y la heladería Piamonte donde mi padre nos compraba helados todos los domingos, cuantos lugares que ya no están, mi ciudad ya no es la de antes, y sigo caminando por ella en busca de algo que permanezca como lo recuerdo, llego a mi antiguo barrio, la plaza con el monumento al medio, y el árbol que me gustaba trepar en el verano, mi antigua casa de tres pisos permanece aún imponente, su entrada cubierta de flores y el árbol de ciruelas que solíamos cosechar, ahora la habitan otras gentes, otros perros, la estarán cuidando bien? Me pregunto, entonces veo una imagen que me hace retroceder 16 años, es Liliana, mi princesa, nos vemos y dudamos en acercarnos, está más bella que en mis recuerdos, me acerco y le pregunto por su vida.. esposo, dos hijos, y dedicada a su hogar, ella me pregunta si cumplí mis sueños…aún no conocí el África y estudié Economía en lugar de Arquitectura, no conocí el amor de mi vida, o eso creo, tomamos un par de inca colas en una bodega nueva y nos despedimos. Partí de Tacna pensando que sólo mis sentimientos son como los recuerdo.

viernes, junio 16, 2006



Yo no quiero volverme tan loco
Yo no quiero vestirme de rojo
Yo no quiero morir en el mundo hoy.
Yo no quiero ya verte tan triste
Yo no quiero saber lo que hiciste
Yo no quiero esta pena en mi corazón.

Yo no me quiero morir sin ver a Perú en un mundial...

martes, junio 06, 2006

A Koky


“Sucio policía verde actúas por conveniencia
sucio policía verde defiendes la decadencia
sucio policía, sucio policía, sucio policía el honor no es tu divisa,
tu divisa es la corrupción
abusas de tu autoridad porque en la otra mano llevas la pistola”


El loquito había caído en el frío asfalto de Santa Cruz, en un charco de sangre se retorcía de dolor con una bala asesina en su estómago… todos son superman solías decir en medio de tu locura, fuiste el tipo más auténtico que conocí, simplemente hacías y vivías como querías, recuerdo tu habitación con ventana a la calle, si la cortina era roja mejor ni buscarte, estabas cojiendo, y cuando entraba en tu templo me mareaba con el olor a marihuana y colonia barata de mujer ocasional, allí invocabas a los demonios escuchando música de Megadeth a todo volumen, decías que eras amigo del demonio, por ello tatuaste su imagen en tu brazo izquierdo, eso si mitad Jesús mitad demonio, sólo por joder, y jurabas que ambos te visitaban en las noches para hacerte vivir las peores pesadillas, despertabas siempre aterrado y sudando. La depresión era tu peor enfermedad, te encogías en un rincón durante días sin moverte, sin hablar, sólo con una botella de anisado barato y sin pensar en nada.

Cuando te mataron me había alejado de ti, toda la banda lo había hecho, no pude estar ahí para decirte “loco vámonos, no vale la pena”, no no pude, o el destino no lo quiso, no estuvo Raffo para que te sujetara fuerte y te llevara cargado de aquel fatídico lugar, no estuvo la loca Mirella para que te clavara las garras en los testículos y se fueran a cojer, no, tu sólo viste a una mujer siendo maltratada en plena calle por un tira embriagado, y tu espíritu justo y solidario hizo que la defendieras, estoy seguro que cuando te apuntaron con aquella arma no le temiste, no retrocediste, porque todos somos superman....descansa en paz amigo

lunes, junio 05, 2006

A mis colegas bloggers (y no vale picarse)

Cuando una amiga me invitó al mundo de los blogs, no le daba la menor importancia, creí que eran un montón de gente con poco que hacer y dedicaban su tiempo a perderlo en escritos divertidos, aburridos, pésimos y otros sin categoría alguna, entonces empecé a crear el mío, cosa que no fue muy difícil, vamos si hasta un chimpancé podría hacerlo, y me dediqué a escribir algunas cosas que no tendrían porqué importarle a nadie, historias vividas y soñadas como dice el título, historias que hasta yo debo admitir eran muy aburridas, al comienzo me entusiasmó la idea y que algunas personas, conocidas todas, dejaran sus comentarios, wow! Qué bien, al parecer les puede gustar lo que escribo, quizás así empezaron Coelho y Vargas Llosa, gustándole a pequeños grupos de gente y luego las cosas se dieron de alguna manera que terminaron siendo grandes escritores, quién sabe con algo de suerte hasta podría seguirles los pasos jajaja. La cuestión es que no me daba cuenta que leían por compromiso y comentaban por solidaridad, después de todo eras amigos. Una amiga me dijo que visitara otros blogs y dejara allí mis comentarios, así éstos me devolverían la visita, fue ahí cuando me di cuenta de lo absurdo de todo esto, acaso tendría que leerme todos esos largos y aburridos post , y dejar algún comentario tonto debajo de ellos, sólo para que vinieran a mi blog a leer mis aún más aburridos post dejando sus dos o tres líneas de “halagadores” comentarios en ellos?, entonces entendí que los bloggers no son más que un montón de escritores frustrados que se dedican a publicar sus ideas en el internet con la ilusa idea de que van a gustar a la gente y algunos hasta con la idea de que algún cazatalentos los lea y les pida publicar algunos de sus escritos, qué tontería. Les ilusionan los comentarios a sus post pues los hacen sentir bien y los leen y releen una y otra vez, y el tiempo que les queda lo dedican a visitar otros blog y dejar sus comentarios, con la esperanza de que les devuelvan la visita y les dejen también sus comentarios, y así en una cadena interminable de vanidad.
Sin embargo hay algunas excepciones, aquellos que si logran transmitir algo a través de sus escritos, y que no escriben para gustarle al resto, sino porque les da la gana de hacerlo, saludos a éstos escritores malditos y anónimos, eso si ni sueñen que vaya a trascender en éste campo, después de todo los blog son sólo para escritores mediocres.

Dyango

Cuando apenas había cumplido los 5 años y mi viejo colocaba los primeros cimientos de lo que sería nuestra futura casa, llegó Dyango, no sé de dónde ni cómo, sólo sé que lo trajo mi padre y lo puso en una canastilla de la antigua cocina de techos altísimos y oscurecidos por el humo, recuerdo mi emoción pues era el primer perro que llegaba a la casa, un cachorro de pastor alemán negro y de ojos inquietos, yo lo veía como un juguete más y lo rodeaba con mis muñecos de GI-JOE y HE-MAN para que Dyango los destrozase imaginando cruentas batallas ínter espaciales. Sin embargo su destino no era el de ser una mascota de hogar, mi padre necesitaba un perro guardián para la nueva casa que recién se construía y a los pocos días se lo llevó y apenas lo veía,
Recién volví a convivir con Dyango dos años después, cuando ya era un perro grande y fuerte, temido en mi nuevo barrio y conocido como el “perro malo” pues ladraba a toda la gente que por allí pasaba, la convivencia con rudos albañiles y obreros habían endurecido su carácter convirtiéndolo en un guardián como pocos. Yo le llamaba el “perro volador” pues le gustaba lanzarse desde el tercer piso de mi casa hasta el primero, caía parado como los gatos y seguía corriendo, a mi me gustaba treparme sobre su fuerte lomo y que me llevase como caballito Si bien nuestra relación era un tanto distante yo lo quería mucho y contaba orgulloso a mis amigos las hazañas de mi súper perro. Sin embargo la bravura de Dyango traería muchos problemas a mi familia, el caso más grave sucedió cuando se escapó de casa y atacó a un militar que por allí pasaba, le mordió el brazo produciéndole profundas heridas, un accidente terrible que sería el preludio de una vida marcada por la violencia.
Cierta noche una manada de perros vagos pasó por la casa y Dyango saltó desde el tercer piso para perseguirlos, lo buscamos pero no lo hallamos, se había ido para no volver más y un aire de tristeza invadió mi casa.
Meses después de aquel suceso, se escuchaban historias de una manada de perros vagos comandada por un pastor alemán negro que mataban a las aves y las reses de los campesinos de la zona, algunos decían que el pastor negro se había enfrentado a un toro logrando matarlo, historias míticas de una pandilla que incluso salía en los informativos regionales. De inmediato pensamos que era Dyango, se había vuelto un peligro y las autoridades querían darle caza.
Una mañana de juegos en el parque como cualquier otra, los niños corrían espantados y las madres gritaban horrorizadas, “se acercan los perros salvajes” decían, yo con la agilidad de mi corta edad trepé al árbol más cercano y pude ver a mi Dyango, grande, viejo y sucio al frente de un grupo de perros igualmente descuidados, Dyango!! Le grité, y volvió la cabeza viéndome, casi como reconociéndome y creo que hasta movió el rabo en son de alegría, pero las pedradas y gritos de la demás gente hizo que siguiera su camino, huyendo.
Tiempo después supimos que Dyango y su pandilla habían sido muertos a balazos por unos campesinos, había muerto un mito de mi infancia, un amigo que nunca dejé de querer y que ahora vive por siempre en mis recuerdos.