
Fin de semana triste en la avenida de mi vida, el fútbol me vuelve a dar la espalda y a demostrarme que las ilusiones pueden derrumbarse como castillos de arena bajo mis pies, así como hace un año festejaba en el gigante Sanmarquino la consagración del Muni en la primera división, bajo un sol de medio día de esos que queman y pelan el rostro, con la camiseta en las manos revoleando, saltando y gritando “Muni ya volvió…”, qué lejano parece aquel día feliz de vuelta a casa con gorra y bandera atrayendo las miradas de los curiosos que jamás entenderán ésta pasión, qué lejano aquel sudor y sabor a gloria en los labios, ese día fuimos los mejores, ese día olvidé por un rato el triste transitar de mi mediocre vida, ese día el fútbol me hizo feliz, a mi y todos los locos que vivimos presos de éste cuadro de mierda, si porque locos hemos de haber nacido, distintos, genuinos casi extintos…
Preso de sus propios errores dirigenciales, el Muni vuelve a la segunda división, ésa pesadilla que nos acogió durante seis largos años nos vuelve a dar la bienvenida, pero qué más da, sólo me queda renovar la fe, volver a creer en la rica tradición de la camiseta de la banda roja en el pecho, volver a creer que algún día estaremos entre los grandes y jugaremos la copa de los Libertadores de América junto al Sao Paulo y el Boca Juniors, y pasear nuestra bandera orgullosos ante el Mundo, un Mundo que jamás entenderá ésta pasión inexplicable, un mundo que aún no sabe que existimos, porque los grandes amores son así, ocultos a lo mundano y eternos en el tiempo…
