miércoles, noviembre 13, 2019
Únanse al baile....
martes, julio 09, 2019
jueves, abril 26, 2018
Ángel
miércoles, noviembre 15, 2017
Hubieron días de goles perdidos increíbles frente al arco, pero hoy no es ese día...
Días que me sentí humillado, burlado, que renegué de Dios y de mis creencias, pero hoy no es ese día...
El no querer ver la televisión, ni escuchar la radio, y rezar porque cada grito del vecino sea por algo positivo que hizo el equipo.... pero hoy no es ese día,
El largo retorno a casa luego de la derrota, la frustración, la incertidumbre, el sentirse inferior y que esto no tenía remedio.... el pensar porqué carajo hago todo esto, si sólo es un estupido partido de fútbol..
No, hoy no es ninguno de esos días... Y ahora luego de muchos años, ver a mi hijo, quien aún no entiende nada de esto, con la camiseta rojiblanca que le pusimos, me observa, sonríe y parece decirme: tranquilo viejo, tu padre, mi abuelo, nos sonríe desde el cielo...
jueves, diciembre 22, 2016
y llegó
lunes, agosto 10, 2015
Papá
Aún puedo verte sentado en la sala poco iluminada, viendo tu partido de vóley o tus películas y series retro, concentrado, tranquilo… o en aquella plaza triangular paseando a Ringo mientras observas el pasar de la gente… quien caminará por esas baldosas como sólo tu sabías hacerlo?... a quién alumbrarán esos faroles de luz amarilla y tenue?... ya no sentirá la tierra tu paso seguro y cansino de hombre maduro y sabio…. Ya no mojará la lluvia tu cabezita blanca y orgullosa… ya no podrán mirarte, respetarte o cederte el paso… ya no…
Como cuando tenía seis años y te discutía el por qué ir a la escuela… "vas a aprender a leer las historietas que tanto te gusta ver…" , fue tu amable respuesta… a lo que respondí, no necesito leer, sólo me gusta ver… Y hoy solo quisiera verte a ti, como aquella vez en París, sonriente y extasiado de tanta belleza y cultura… o como aquella vez que me observabas mientras torpemente intentaba encestar un balón…
Me enseñaste a montar bicicleta, desafiando mis miedos, a nadar hasta el fondo, a hacer las tareas, eras un maestro innato y tu paciencia así lo descubría, también me enseñaste a conducir en el viejo bolocho blanco, el mismo que fue mudo testigo de nuestros banquetes con helados, picarones y chocolates, nunca te dije que contigo en ese carro me sentía el niño más seguro del mundo.
Es difícil asumir tu ausencia, superar la pena, dejar de pensar en los planes que no se concretaron, tu sonrisa franca y mirada apacible, ya no las veré, no las podré disfrutar, no podré amarlas…
Sé que en la eternidad me esperarás, parte del aire, para ver el vóley y comer picarones mientras me enseñas algo más, algo que dejamos pendiente una tarde de sol tacneño y sombras de palmeras de la avenida Bolognesi...

