viernes, septiembre 29, 2006

El orgullo de ser diferente..

Ser hincha del Muni no sólo es un orgullo, es el saberse heredero de una tradición de décadas, de pueblo y amor a la camiseta…. No es fácil encontrar hinchas del Muni, están pero no están, pero eso es parte de la magia de ser hincha de éste equipo de fútbol, el salir a la calle con mi camiseta blanca con una franja en el pecho y que todos te miren como extraterrestre, con admiración. Es que la mayoría se fija siempre en los clubes “Grandes”, aquellos que ganan títulos hasta por gusto, aquellos que tienen hinchas exitistas, que viven de copas y triunfos, que poco saben de aguante, porque el verdadero aguante está en los barrios, en los clubes chicos en logros pero grandes en sentimiento y pasión.
En Lima, cuando eres chico, sólo puedes ser hincha de tres clubes, Universitario, Alianza y Cristal, los niños crecen con esa premisa en sus cabezas, son los “Grandes”, los que ganan usualmente los campeonatos, qué fácil es ser hincha de aquellos equipos, con sus figuras, su publicidad y todo su dinero. Y la verdad de chico me sentí atraído a aquella “moda”, en la escuela, el barrio y posteriormente en la universidad sólo se hablaba de aquel tridente exitoso de clubes de fútbol… y el Muni?, un equipo que alguna vez fue considerado el tercer grande en el Perú, durante las últimas décadas estaba condenado a la segunda división profesional, sin dinero ni dirigentes honestos, la escasez de títulos ya lleva más de 50 años, sin embargo sus hinchas están ahí, algunos dormidos, otros aguantando las críticas y burlas; por ello cuando me pongo mi camiseta con la franja en el pecho todos los fines de semana y enrumbo al estadio, siento como la gente me mira con respeto… “ese es hincha de Muni”… el cobrador del bus me cobra la mitad del pasaje y cuando bajo del bus todos me miran como una especie en extinción, entonces ya cerca del estadio veo aquel pueblo blanquirojo que viene de diversas partes de la ciudad, no es la masa que acompaña a los clubes grandes , es un pueblo distinto, una raza diferente.. escasa… somos poco pero suficientes para cualquiera, me encuentro con mi amigo Claudio, otrora líder de la “Banda del Basurero”, la barra oficial del club. “Echa Muni”… me saluda mientras fuma su porro de marihuana…
De mis tardes acompañando al Muni tengo mil anécdotas, algunas más felices que otras, hoy en día el equipo está a un paso de ascender a la primera división, el día que lo logre será una fiesta, ese día llegaré a mi barrio y todos se preguntarán qué celebro.... ascendió el Muni carajo ¡!!…. ascendió el Perú ¡!!…les gritaré, y el pueblo blanquirojo estará listo para nuevos retos, nuevas alegrías o sufrimientos pero siempre junto a ti franja de mi vida… porque te llevo dentro te vine yo a ver… porque te quiero tanto te vine alentar….. vamos Muni tu eres mi pasión…. Te llevo dentro de mi corazón….

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jueves, septiembre 28, 2006

- Monte : Hola amor
- Anis : Hola amor
- Monte : Te quiero
- Anis : Te quiero más
- Monte : No, yo más
- Anis : Yo más
- Monte : Está bien te dejo ganar esta vez
- Anis : Amor, qué es amor?
- Monte : Amor eres tú
- Anis : Y quién soy yo?
- Monte : Tu eres mi amor
- Anis : Beso amor,
- Monte : Chau amor
- Anis : Cuelga tu
- Monte : No cuelga tu
- Anis : Está bien te dejo ganar esta vez

jueves, septiembre 21, 2006

Mi amigo Walter

Cuando Walter llegó a casa tenía unos 12 años, su padre se lo había dado a mi familia para que lo eduque y forme como hombre de bien. La familia de Walter era humilde, provenientes de la ciudad de Ilave, olvidada comunidad en lo más recóndito de la serranía peruana, rodeada de majestuosas montañas y hermosos paisajes a las orillas del Lago Titi Caca, el más alto del mundo. Walter había crecido ahí en una chacra, cuidando animales y cultivando para comer, apenas iba a la escuela pues lo primero era la chacra, y su lengua natal era el Aymara, aquella nación que en la antigüedad había dominado el altiplano y que posteriormente fuera arrasada por los conquistadores.

Cuando lo vi por primera vez con su ropa de lana, chullo y ojotas no pude hacer otra cosa que burlarme, con mis 10 años a cuestas sólo había visto dicha vestimenta en ferias folklóricas y fiestas indígenas, su rostro quemado por el fulgurante sol del altiplano y sus ojos pequeños y achinados mirando al suelo con temor y vergüenza completaban su menuda figura.
“Apesta a llama” … nos burlábamos con mis hermanas, entonces mi vieja lo envió al baño y le dio ropa nueva, Walter casi no hablaba, se le notaba triste y nostálgico, su nueva “familia” no le agradaba, por ello no me sorprendió cuando al tercer día se fugó a casa de sus padres, sin embargo por la noche era devuelto y castigado a mi casa como un animalito. Tampoco olvidaré el día en que un olor fétido inundó la casa, subimos a la azotea y vimos como Walter la había convertido en una letrina, tenía temor de usar el baño y sólo se había acostumbrado a hacer sus necesidades al aire libre en la chacra.

Poco a poco nos fuimos haciendo amigos con Walter, yo le ayudaba con las labores de la escuela, le enseñé a leer y escribir mejor, le regalaba la ropa que ya no usaba y jugábamos al fútbol con mis amigos del barrio, le llamaban “el indio” Walter por sus pronunciados rasgos andinos, y era muy guapo a la hora de pelear cuerpo a cuerpo con quien se le enfrentase.
Sin embargo nada le quitaba esa mirada tiste del rostro, por las noches lo escuchaba sollozar en su habitación, un día le pregunté que es lo que más extrañaba de su tierra, me dijo que le gustaba sentarse con su padre en la orilla de lago color verde y ver las islas flotantes, aquellas que hace siglos permanecen así por obra y gracia de los Uros, legendaria comunidad andina que construyó islas en base a la totora que abunda por esos lares.

Pasaron los años y Walter ya cumplía 15, mi madre le dio empleo en su foto estudio, aprendió a tomar y revelar fotos, así como hacer trámites documentarios. Con lo que ganaba Walter se compró una bicicleta en la que paseaba con su novia por el barrio.
Cierto día a mi padre le faltaba dinero, y mi hermana acusó al indio, mi padre fue a su cuarto y lo revisó hasta que encontró lo que le faltaba, entonces le dio una paliza que hasta ahora se debe acordar, el viejo no admitía la deslealtad.

El indio se hacía querer pues era trabajador, por lo que un primo mío le ofreció un mejor trabajo en una institución financiera, ganaba más y ahora siempre andaba a la moda y se daba ciertos lujos que el dinero permite. A los 18 años Walter dejó nuestra casa ya convertido en hombre, con su padre construyeron una nueva casa para su familia y luego puso un negocio de comidas en el que daba empleo a gente que como él recién baja del altiplano.
Yo lo recuerdo como un compañero de infancia, amigo y alguien de quien aprendí mucho, más de lo que entonces creía.

martes, septiembre 12, 2006

Choy

Suéltala ya!... Grité y entonces Hitler me apuntó con su arma, iba a matarme, Choy se me acerca y me ruega que me vaya de ahí….no me voy sin ti…le digo, pero insiste y decido alejarme lo suficiente para observar todo sin ser visto…

Recordaba cómo conocí a Choy en la Universidad, era una chica muy inteligente, podía hablar horas con ella de todo cuanto fuera posible, y siempre me escuchaba con una atención inusual, tenía un novio llamado Hitler, policía y diez años mayor que ella, la fama del tipo era de abusivo y bruto, nadie sabía porqué Choy seguía al lado de esa bestia, luego supe que el tipo la amenazaba hasta de matarse si ella lo dejaba, llegando incluso a inflingirse serios cortes en la piel para advertirle de lo que era capaz.
Una tarde fui a casa de Choy y hablamos distendidamente, escuchando música de Fito Páez, tan indicada para el momento, de repente rompe en llanto y nos abrazamos, no necesitaba decirme nada más, sus lágrimas reflejaban toda la impotencia de no poder deshacerse de un energúmeno que le hacía la vida un verdadero infierno, entonces le veo a los ojos y con mis dedos le aparto las lagrimas, nos acercamos y nos besamos como dos locos apasionados, sin pensar en nada más, apartándonos de un entorno gris y violento.
Estaba decidido a ayudarle y se lo dije, por ello volví a su casa cuando a media cuadra la veo discutiendo con Hitler, era una calle oscura y solitaria y el tipo la jalaba del brazo con violencia, avanzo con decisión y le doy un golpe antes que él pudiera reaccionar, entonces el muy cobarde saca el arma y me apunta amenazante….

Al día siguiente Choy se me acerca y me manda a la mierda de la peor manera, no me dijo nada más, quizás para protegerme o porque no quería más problemas, luego supe que el tipo había amenazado matarla a ella y a mi aquella noche, por lo que decidí dejarla en paz.
Meses después Choy queda embarazada y se casa con Hitler para separarse a los seis meses.
Hoy Choy es madre soltera y trabaja en una empresa cerca al aeropuerto, y cuando la veo nos sentamos a conversar como lo hacíamos antes, pero sin lágrimas.

miércoles, septiembre 06, 2006

sueltas

busco y no encuentro
callo y no otorgo
odio y no soy feliz
amo y soy infeliz
miro y a veces veo
me corro y no eres tu
te corres y era yo
ves que no te miro
amas y eres feliz
odio hacerte infeliz
callas y otorgas
encuentro y me busco

martes, septiembre 05, 2006

Verónica

Cuando entré al hogar, Verónica me miraba como dándome la bienvenida y la boca abierta como queriendo decirme algo, yo me acerqué, le di un beso en la mejilla y le dije … cómo estás chiquita?
una cuadriplegia mantiene a Verónica en una silla de ruedas inmóvil, sin poder siquiera mover la lengua para hablar, su mirada denota una tristeza enorme, yo le tomo su manita blanca como la nieve mientras la enfermera la acomoda una y otra vez en su silla con visible desgano, Vero la mira con aquellos enormes ojos verdes como diciéndole “déjame en paz”. Yo le hablo del Perú y sus costumbres y ella me mira con atención soltando unos sonidos parecidos a los de los delfines en el agua, al parecer trata de responder, entonces le pregunto por su novio y los chillidos se hacen más fuertes, le gusta le pregunten por Gabriel.
Gabriel tiene retardo mental, y a sus 25 años piensa y actúa como un chico de 9, puedo ver su foto en la habitación de Vero, Gabriel la abraza con la ternura que le da la inocencia. En ello Vero mira hacia sus discos, quieres que ponga música?.. le pregunto.. reviso su colección y veo un disco de Drexler, entonces empiezo a bailar como un payaso y Vero está feliz de ver a un idiota hacer el ridiculo, me le acerco por detrás y le susurro al oído… de quién te quieres vengar?... tomo la silla de ruedas y empiezo a correr con ella y gritando, la enfermera nos ve y empieza a huir pidiendo me detenga, Vero ríe y ríe, está feliz, perseguimos a la enfermera hasta una cama, donde se sube para evitar la atropellemos, con un tono solemne me pide que la dejemos en paz.. prometes ser buena chica? Le digo, la enfermera nos mira con rabia, cuando Vero trata de decir algo… “andá a cagar” pude entender, y los tres nos echamos a reir a carcajadas.

Al irme Vero me observaba por la ventana de su cuarto, inmóvil, como queriendo ir conmigo a un lugar donde pueda correr y gritar libremente sin sillas de ruedas ni enfermeras gruñonas, sólo con su inocencia y música de Drexler.
Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles