Noviembre 24, 8:00 PM, Clínica Good Hope,
El extraño atavío
que me obligaron a ponerme, así como lo inusual de la escenografía, verde,
blanca, fría, me decía que estaba ante un acontecimiento especial en la vida,
una locomotora que se aproxima de frente a toda velocidad y con las luces
encendidas… el fuerte llanto que escuché me hizo saber que Gonzalo había
llegado, húmedo, vigoroso, me sentí como en una escena repetida, un dejavü,
sentí ganas de correr había él, de
abrazarlo, de hablarle y que me entendiera, quería irme de allí con él en brazos,
llevarlo a mi casa y cuidarlo… Carla apenas consciente ensayaba una sonrisa
para las fotos de rigor, mientras una voz se repetía una y otra vez en mi mente
“es mi hijo.. es mi hijo”…
Inevitable también no recordar en esos momentos a mi padre,
y a la vez sentirlo allí en esa fría sala de hospital, ex pectando todo con
satisfacción, con orgullo, es tu nieto papá.. esbocé, y lleva tu nombre, como
te lo prometí aquella vez….
Hoy, apenas un mes después de aquel hecho, me siento aún raro, como que no termino de darme cuenta de la enorme responsabilidad ante mi, mi hijo, no sé si lo haga bien, no sé que chucha haré, sólo trataré de hacerlo bien, y quizá algún día se convierta en un buen hombre, como su abuelo.