jueves, abril 26, 2018

Ángel


Hubiese querido conocerla más, a la niña, la flaquita de cabellos negros y piel blanca a quien nunca pude ver de frente, por timidez, miedo a lo que me estaba sucediendo, o simplemente miedo a que yo no le gustara, al rechazo…
En ese momento, con poco más de una década de vida,  no lo entendía bien, pero me estaba enamorando, la veía perfecta, idealizada como un ángel, nunca hablé con ella, pero para mí era la niña más buena del mundo, además del ser más bello sobre la tierra…
Ante tamaña criatura me sentí pequeñito, inferior, feo, y mi primera reacción fue esconderme de ella, lo hacía tras las cortinas de mi cuarto, o tras cualquier objeto posible, no quería que me viera, o que supiera lo que siento, pero era tan obvio que poco a poco se diera cuenta, además de todo el barrio claro, todos lo sabían, todos fastidiaban y lo decían alegremente en forma de joda o burla, sin saber que en mi interior padecía, soñaba, y añoraba siquiera una pequeña señal de su parte, nunca la hubo..
Alguna vez cruzamos miradas, alguna vez estuvimos a punto de hablar, de decirnos algo, pero no se dio, por una u otra razón, sin embargo esos “casi” me ilusionaban, eran lo máximo para mí.
Pasaron unos años y ya adolescentes la pude ver en una fiesta, arregladita, guapa, entonces me armé de valor y, previo trago, me lancé a sacarla a bailar, en aquellos segundos sabía que me la estaba jugando toda, que mis miedos podían por fin largarse de mi mente, que podía tocar el cielo o irme al mismo infierno, entonces el destino hizo su parte, en el mismo momento que le pedí un baile, lo hizo uno de sus amigos, éramos dos buscando su mano, ella me miró, como quien mira a un perdedor, y se fue con él, no la volví a ver…
Me fui de la ciudad al poco tiempo de ese episodio, resentido, triste, debía empezar de nuevo en una nueva ciudad, grande y monstruosa como Lima, y así lo hice, crecí, maduré, aprendí y me hice el hombre que soy ahora, sin embargo nunca la olvidé a ella…
Hace poco la volví a encontrar, un poco distinta a como la recordaba, el tiempo había hecho su parte, y recién pude conocerla. Conversamos y nos llevamos tan bien, que nos dimos cuenta lo estúpidos que fuimos al no hablarnos cuando éramos niños.
No sé cómo termine esta historia, solo sé que hoy gané una buena amiga, alguien que me acompañará para que no vuelva a esconderme nunca más, para que aquel niño flacucho y tímido de Villa Hermosa pueda sonreír tranquilo y saber que al fin pudo tomar la mano de su ángel…