lunes, junio 05, 2006

Dyango

Cuando apenas había cumplido los 5 años y mi viejo colocaba los primeros cimientos de lo que sería nuestra futura casa, llegó Dyango, no sé de dónde ni cómo, sólo sé que lo trajo mi padre y lo puso en una canastilla de la antigua cocina de techos altísimos y oscurecidos por el humo, recuerdo mi emoción pues era el primer perro que llegaba a la casa, un cachorro de pastor alemán negro y de ojos inquietos, yo lo veía como un juguete más y lo rodeaba con mis muñecos de GI-JOE y HE-MAN para que Dyango los destrozase imaginando cruentas batallas ínter espaciales. Sin embargo su destino no era el de ser una mascota de hogar, mi padre necesitaba un perro guardián para la nueva casa que recién se construía y a los pocos días se lo llevó y apenas lo veía,
Recién volví a convivir con Dyango dos años después, cuando ya era un perro grande y fuerte, temido en mi nuevo barrio y conocido como el “perro malo” pues ladraba a toda la gente que por allí pasaba, la convivencia con rudos albañiles y obreros habían endurecido su carácter convirtiéndolo en un guardián como pocos. Yo le llamaba el “perro volador” pues le gustaba lanzarse desde el tercer piso de mi casa hasta el primero, caía parado como los gatos y seguía corriendo, a mi me gustaba treparme sobre su fuerte lomo y que me llevase como caballito Si bien nuestra relación era un tanto distante yo lo quería mucho y contaba orgulloso a mis amigos las hazañas de mi súper perro. Sin embargo la bravura de Dyango traería muchos problemas a mi familia, el caso más grave sucedió cuando se escapó de casa y atacó a un militar que por allí pasaba, le mordió el brazo produciéndole profundas heridas, un accidente terrible que sería el preludio de una vida marcada por la violencia.
Cierta noche una manada de perros vagos pasó por la casa y Dyango saltó desde el tercer piso para perseguirlos, lo buscamos pero no lo hallamos, se había ido para no volver más y un aire de tristeza invadió mi casa.
Meses después de aquel suceso, se escuchaban historias de una manada de perros vagos comandada por un pastor alemán negro que mataban a las aves y las reses de los campesinos de la zona, algunos decían que el pastor negro se había enfrentado a un toro logrando matarlo, historias míticas de una pandilla que incluso salía en los informativos regionales. De inmediato pensamos que era Dyango, se había vuelto un peligro y las autoridades querían darle caza.
Una mañana de juegos en el parque como cualquier otra, los niños corrían espantados y las madres gritaban horrorizadas, “se acercan los perros salvajes” decían, yo con la agilidad de mi corta edad trepé al árbol más cercano y pude ver a mi Dyango, grande, viejo y sucio al frente de un grupo de perros igualmente descuidados, Dyango!! Le grité, y volvió la cabeza viéndome, casi como reconociéndome y creo que hasta movió el rabo en son de alegría, pero las pedradas y gritos de la demás gente hizo que siguiera su camino, huyendo.
Tiempo después supimos que Dyango y su pandilla habían sido muertos a balazos por unos campesinos, había muerto un mito de mi infancia, un amigo que nunca dejé de querer y que ahora vive por siempre en mis recuerdos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Por lo que veo, perdón por mi ignorancia en el tema, parece ser que lo más duro de tener mascotas es que normalmente les sobrevivimos y aun sabiéndolo, su pérdida nos produce el mismo dolor. ¡¡Qué curioso!!
¿Creo que últimamente las mascotas me persguen?
Espero que no sea una señal...
Besos Ulises, me sigue encantando leerte y conocerte más y mejor a través de tus post

Anónimo dijo...

Ultimamente tus relatos son muy tristes. Pero siguen teniendo la misma magia de siempre.
Lo que mas duele de perder un amigo es cuando te mira como si no te conociera y fueras un completo extraño para él.

Anónimo dijo...

No sabría qué decirte, estoy tocada con el tema de Diango. Hay algo en esta narración que me entristece.

1 beso

Anónimo dijo...

Very pretty site! Keep working. thnx!
»

Anónimo dijo...

Very best site. Keep working. Will return in the near future.
»