Había estado durante todo el tiempo que dura el recreo barriendo el patio del colegio, castigado y humillado frente a toda la clase, “pajeros de mierda” pensaba con rabia y resignación…
Era lunes y desde temprano los curas nos llevaron a la capilla del colegio, en fila y ordenados, tocaba misa como todas las semanas y lo mejor era que perdíamos un par de horas de clase. Todo transcurría como siempre con los cantos y oraciones que nunca olvidaré pues nos las hacían repetir una y otra vez de paporreta, hasta que el cura nos dice que debíamos confesarnos.
Toda confesión inspira cierto temor, a nadie le gusta ventilar sus pecadillos, así el confesor hay jurado mantener en secreto todas nuestras “maldades”. Podía ver cierto aire de preocupación en el rostro de mis compañeros, pero qué cosas tan terribles podían haber cometido aquellas almas de 13 años?.
Para agilizar el proceso debíamos escribir nuestros pecados en un papel, el cual debíamos entregar al confesor luego de persignarnos y arrodillarnos ante él.
Debía pensar en todo lo malo que había hecho en mi vida, desde pegarle a mi hermana hasta torturar al perro, no se me ocurrían cosas, confesarse es una mierda pensé.
Era lunes y desde temprano los curas nos llevaron a la capilla del colegio, en fila y ordenados, tocaba misa como todas las semanas y lo mejor era que perdíamos un par de horas de clase. Todo transcurría como siempre con los cantos y oraciones que nunca olvidaré pues nos las hacían repetir una y otra vez de paporreta, hasta que el cura nos dice que debíamos confesarnos.
Toda confesión inspira cierto temor, a nadie le gusta ventilar sus pecadillos, así el confesor hay jurado mantener en secreto todas nuestras “maldades”. Podía ver cierto aire de preocupación en el rostro de mis compañeros, pero qué cosas tan terribles podían haber cometido aquellas almas de 13 años?.
Para agilizar el proceso debíamos escribir nuestros pecados en un papel, el cual debíamos entregar al confesor luego de persignarnos y arrodillarnos ante él.
Debía pensar en todo lo malo que había hecho en mi vida, desde pegarle a mi hermana hasta torturar al perro, no se me ocurrían cosas, confesarse es una mierda pensé.
A mi lado estaba Alex, era el mayor de la clase y el más sabido en materia de sexo, solía contarnos las aventuras amorosas con la muchacha del servicio de su casa, era un maestro del detalle al momento de descubrir sus sesiones amatorias en el cuarto de lavado, y de alguna manera lo admirábamos y envidiábamos por eso, ya que todos estábamos recién en épocas de masturbación y aprendizaje.
Me preguntaba si Alex escribiría todo eso en su papel, sería pecado tirarse a la chola? , o el pecado es hacerlo sin que tus viejos lo sepan?, y al parecer Alex se preguntaba lo mismo, lo veía ahí sentado y meditabundo, entonces empezó a escribir despacio, y yo sólo quería saber lo que él ponía, le contaría al cura todas sus aventuras?.
Así terminó la confesión y el cura no se enteró que le había engañado, ni loco le cuento mis diabluras a ese señor, y luego de un par de padres nuestros ya estaba libre y en el patio del colegio, sin embargo la curiosidad aún rondaba por mi cabeza, qué diablos habría puesto Alex en su papel?. Muerto de curiosidad me escabullí dentro del confesionario con la esperanza de encontrar los papelitos de las confesiones, y ahí estaban en un tacho todos arrugados, me senté en el suelo y empecé a leerlos, cada papelito llevaba el nombre, ahí me enteré que Alex sólo era un pajero más, que va todos eran unos pajeros, en ello alguien abre la puerta del confesionario, era el cura que me había descubierto. Me tomó de las orejas y me entregó una escoba…”ahora por chismoso barrerás el patio como castigo” me dijo, comprendí entonces que en esta sociedad se perdonaba el pecado pero no el escándalo, amén.
Así terminó la confesión y el cura no se enteró que le había engañado, ni loco le cuento mis diabluras a ese señor, y luego de un par de padres nuestros ya estaba libre y en el patio del colegio, sin embargo la curiosidad aún rondaba por mi cabeza, qué diablos habría puesto Alex en su papel?. Muerto de curiosidad me escabullí dentro del confesionario con la esperanza de encontrar los papelitos de las confesiones, y ahí estaban en un tacho todos arrugados, me senté en el suelo y empecé a leerlos, cada papelito llevaba el nombre, ahí me enteré que Alex sólo era un pajero más, que va todos eran unos pajeros, en ello alguien abre la puerta del confesionario, era el cura que me había descubierto. Me tomó de las orejas y me entregó una escoba…”ahora por chismoso barrerás el patio como castigo” me dijo, comprendí entonces que en esta sociedad se perdonaba el pecado pero no el escándalo, amén.
2 comentarios:
Querido,
En esta vida, no se perdona el pecado, se estigmatiza al pecador y se le condena sin remisión, como si alguien tuviera la virtud de no cometer eso que algunos se empeñan en llamar "pecados".
Barrer el patio no estuvo tan mal, te libró seguro de hacer algo aun más aburrido, así pensaste en tu mundo.
Cuantas veces creemos que los demás poseen una vida interesante, como Alex, llena de "pecadillos" y descubrimos la verdad.
Besos de Greta
bonita y loca edad para vivir.
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