De chico no me interesaba mi nombre, su origen, el motivo por el cual me
lo pusieron, y la verdad que tampoco me agradaba mucho, sonaba corto, seco, con
la "H" muda que parece estar en vano, no le daba mayor importancia,
era sólo un nombre. Encima todos me llamaban "tito" (disminutivo de
Hectitor) ó Chalito (a mi padre le decían Chalo), en fin era sólo un nombre
para colocarlo en la parte superior de los exámenes o en mi libreta de notas de
cartulina verde.
Luego supe que mi padre se inspiró en el Héroe griego de La Ilíada para
ponerme el nombre. Me gustó esa novela, sin embargo el personaje de Héctor me
pareció tan patético, la manera tan sencilla como Aquiles lo mata. Aquiles si
me gustaba como personaje, era un Semidios, pero la verdad que suena feo ese
nombre, como Pericles de los Locos Adams.
También
me llamó la atención en un capítulo del Chavo del 8, cuando todas las viejas de
la vecindad se "morían" por Héctor Bonilla, un actor mejicano de
aquellas épocas que la verdad nunca vi actuar más que en aquellos recordados
capítulos del Chavo.
Pero no fue hasta cuando empecé a trabajar que escuché mi nombre repetidas
veces de boca de todos, ya no era tito o chalo, era Héctor, fue en ese momento
en que reparé verdaderamente en él, en como sonaba, en su belleza, lo que
representaba para mi personalidad. Y me gustó… me gusta, es un buen nombre, a
pesar de lo trillado que es, me agrada, y creo que si volviera a nacer me
gustaría me colocaran el mismo nombre, incluso me gusta "Federico",
mi segundo nombre, y la manera perfecta en como suenan juntos :"Héctor
Federico", se me llena la boca al pronunciarlo.... por ello creo que mis
viejos tomaron una gran decisión al elegir mi nombre, ya no reniego de él, al
contrario lo amo, lo resalto, me enorgullece.

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