lunes, agosto 10, 2015

Papá


Aún puedo verte sentado en la sala poco iluminada, viendo tu partido de vóley o tus películas y series retro, concentrado, tranquilo… o en aquella plaza triangular paseando a Ringo mientras observas el pasar de la gente… quien caminará por esas baldosas como sólo tu sabías hacerlo?... a quién alumbrarán esos faroles de luz amarilla y tenue?... ya no sentirá la tierra tu paso seguro y cansino de hombre maduro y sabio…. Ya no mojará la lluvia tu cabezita blanca y orgullosa… ya no podrán mirarte, respetarte o cederte el paso… ya no…

Como cuando tenía seis años y te discutía el por qué ir a la escuela… "vas a aprender a leer las historietas que tanto te gusta ver…" , fue tu amable respuesta… a lo que respondí, no necesito leer, sólo me gusta ver… Y hoy solo quisiera verte a ti, como aquella vez en París, sonriente y extasiado de tanta belleza y cultura… o como aquella vez que me observabas mientras torpemente intentaba encestar un balón…

Me enseñaste a montar bicicleta, desafiando mis miedos,  a nadar hasta el fondo,  a hacer las tareas, eras un maestro innato y tu paciencia así lo descubría, también me enseñaste a conducir en el viejo bolocho blanco, el mismo que fue mudo testigo de nuestros banquetes con helados, picarones y chocolates, nunca te dije que contigo en ese carro me sentía el niño más seguro del mundo.

Es difícil asumir tu ausencia, superar la pena, dejar de pensar en los planes que no se concretaron, tu sonrisa franca y mirada apacible, ya no las veré, no las podré disfrutar, no podré amarlas…

Sé que en la eternidad me esperarás, parte del aire, para ver el vóley y comer picarones mientras me enseñas algo más, algo que dejamos pendiente una tarde de sol tacneño y sombras de palmeras de la avenida Bolognesi...

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